La Larga Marcha
No me acuerdo con quien fue, pero manteniendo una conversación con una persona sobre novelas de terror, evidentemente salió el nombre de Stephen King. No he leído muchos libros del “Rey del Terror”, pero conozco la trama de varias obras. Lógicamente me dejé recomendar, y está persona espectral me habló de La Larga Marcha. Con su sinopsis y la premisa de que era algo breve, me convenció para apuntarlo y leerlo de manera paralela a otras novelas más largas. Luces y sombras.
1979. Richard Bachman publicaba su segunda novela, la cual años después de descubriría que pertenecía a Stephen King (de manera oficial; los rumores lo relacionaban mucho antes). Cuando en 1985 el propio King admitió la pertenencia de ese seudónimo, todas las novelas multiplicaron sus ventas. Como curiosidad, este seudónimo se creo por dos razones: publicar más de un libro al año (antes, se pensaba que el público solo podía aceptar una única obra anualmente de cada escritor) y valorar su narrativa y su calidad, intentando comprobar si la marca King era pura suerte o realmente merecía los elogios.
La novela nos sitúa en los pies (ejem, me permitiré este “chiste”) de Ray Garraty, un joven de Maine que se presenta para participar en La Marcha. En esta versión de Estados Unidos, anualmente se organiza La Marcha; un evento en el que 100 jóvenes deben andar, a un ritmo mínimo de 6,4km/h, hasta que quede solo uno en pie. El ganador puede pedir un Deseo (literalmente lo que quiera), y el resto se ganarán su pasaporte la cuarta vez que reduzcan su paso.
Es una premisa sencilla y simple, sin demasiada profundidad contextual; ese trasfondo nos lo va a ir aportando cada personaje. La gracia de la novela es movernos adelante y atrás dentro del grupo, hablando con cada participante y enterándonos de las motivaciones de cada uno, planteándonos la verdadera utilidad de ese evento el cual millones de personas admiran cada año. Si es cierto que, aunque en varios casos las diferentes razones nos ayudan a ponernos en muchas situaciones, hay varios momentos en los que King no consigue dejar clara la motivación de algunos personajes. Personalmente, este ha sido el mayor punto gris de la novela.
Aunque no fue la primera novela publicada, se sabe que fue la primera que escribió el estadounidense (o que empezó a escribir). Y la verdad es que, naturalmente, se nota mucho. El ritmo de la novela es lento, y en varios momentos es repetitivo y poco claro (como he mencionado antes). He tenido la sensación de leer capítulos y conversaciones eternas en las que no se sacaba prácticamente nada en claro. De todas formas, la sensación de tensión y fatiga que provoca en el lector es brillante. He podido sentir el dolor en los pies, la fatiga general, el sueño y el enfado de Garraty, sitiándome en todo momento en la carretera. Sin duda el punto fuerte de toda la obra.
Durante toda la marcha, los personajes debaten sobre muchos temas actuales: el papel de la juventud y sus objetivos, el paso de estos a la madurez, la actitud de la gente ante los problemas ajenos, o el control que ejercen los poderosos y cómo manejan al pueblo. En ese sentido, es una novela reflexiva que lo deja muy claro.
El final también tiene dos lecturas. Aunque es fácil saber quién ganará la competición, el final es relativamente sorprendente, aunque demasiado abrupto para mi gusto. Si es verdad que, después de unos días de reposo, creo que tiene cierta magia y sentido.
Como resumen final, es una novela que puede recordar a historias más actuales, pero su forma de transmitir los sentimientos hace que se destaque en ese sentido. Sabiendo que deja cosas en el aire y sin profundizar, es una novela que puede disfrutarse si eres fan del terror “psicológico” y de distopías.
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